martes, 28 de agosto de 2012

Si no te mueves no te ve.



Yo solo soy un aficionado a la fotografía, así que a los que saben más que yo de fotografía no les pregunto si les gustan mis fotos, sino que podría haber mejorado en ellas. Cuando revelé esta foto le pregunté al dueño del local y me comentó que debí estar muy quieto para poder acercarme tanto sin que el anuro me detectase.

La gente sabe que hay animales como el sapo de esta foto que son ciegos a lo estático, por lo que solo puede observar aquello que se mueve frente a ellos, lo cual está muy bien para cazar, pues es más facil detectar aquello que se mueve si no hay nada más que te distraiga, y no reparas en las moscas quietas que puedan estar muertas, solo en las que aletean bien vivas.


La explicación a este fenómeno visual reside en que los receptores sensoriales visuales sufren de una adaptación sensorial, como ocurre con tantos otros sentidos, porque por lo general es poco útil que el cerebro esté procesando continuamente una información que no nos reporta nada nuevo.

Por ejemplo, los alumnos cuando vuelven de dar educación física pueden estar en un aula con las ventanas cerradas y ni se dan cuenta que la clase huele a humanidad reconcentrada, porque ellos estaban allí mientras se expandía ese aroma y su olfato se ha acostumbrado a ello, pero cuando los profesores abren la puerta para entrar en el aula reciben una bofetada de olor humano que tira para atrás. No obstante, si no se puede ventilar el aula, pese a los primeros minutos de angustia, el olfato del profesor se termina acostumbrando y deja de olerlo.

Otro ejemplo es el típico caso de la persona que busca sus gafas y las tiene todo el rato sobre la cabeza. Cuando las puso allí notó la presión de las patillas sobre su cuero cabelludo, pero al poco dejo de sentirlas, y eso le llevó a olvidarlas allí arriba.

Pues lo mismo pasa con los receptores visuales, que cuando se acostumbra a un estimulo dejan de hacer registro del mismo. Así, nuestro amigo de la foto solo ve aquello que se mueve ante sus ojos, que es lo que estimula sus receptores visuales, lógicamente, si él se mueve, en ese momento lo verá todo de nuevo, y si se queda quieto todo empezará a desvanecerse hasta que solo vea aquello que se mueva ante sus ojos.


Y si esto es así, ¿Cómo es que nosotros vemos las cosas que están quietas? ¿Por qué no se adaptan nuestros receptores visuales?

La respuesta es bien sencilla, no dejamos que se adapten al estimulo, nuestros ojos cuentan con una innovación evolutiva, la musculatura de nuestro ojo le da pequeños tirones involuntarios a un lado y a otro, llegando a vibrar 60 veces por segundo, haciendo que el estimulo visual que recibe un receptor cualquiera de nuestra retina cambie constantemente. 

Estos movimientos, conocidos como microsacadas, son tan pequeños que resultan inapreciables a simple vista, así que no trates de observarlos mirándote el ojo en el espejo, pero están ahí, y sin ellos, al mirarte estáticamente el ojo frente al espejo, este empezaría a desvanecerse rápidamente debido a la adaptación neural.

En fin, lo que hace la evolución...

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