viernes, 7 de septiembre de 2012

Problemas con el concepto "especie".


Con solo verlos, seguro que puede distinguir entre este lindo minino y el de su vecina, y saber que inequívocamente pertenecen a dos especies distintas. Esto lo sabe porque físicamente son distintos, es decir, está basando su reconocimiento en el concepto de “similiespecie”, que considera a la especie como un conjunto de organismos con similitudes y características comunes, a partir de las cuales puede diferenciarlo de otros conjuntos de seres.

Pero ese truco no vale siempre.
  • Por un lado existen organismos que pueden parecer idénticos sin ser de la misma especie, como por ejemplo especies que son similares a otras venenosas con lo que confunden a los depredadores.
  • Por otro lado existen organismos que pueden ser tremendamente diferentes siendo de la misma especie, como una oruga y una mariposa, hormigas que llevan a cabo distintas funciones en el hormiguero, especies en las que las diferencias entre el macho y la hembra son tan grandes que parecen de especies diferentes…
De modo que necesitamos fijarnos en algo más que en las características físicas.

La definición biológica de especie se basa en la reproducción. Para los biólogos una especie es un conjunto de individuos que pueden reproducirse entre sí, en condiciones naturales, produciendo descendientes fértiles. Cabe aclarar 2 cosas sobre esta definición:
  • Que los descendientes sean fértiles significa que estos pueden seguir reproduciéndose con otros miembros dando más descendientes, así por ejemplo, como los lobos y los perros tienen descendencia fértil, podemos decir que ambos pertenecen a la misma especie, Canis lupus, mientras que, como el cruce de un burro y una yegua produce un mulo o mula, que son estériles, los burros y las yeguas no pertenecen a la misma especie.
  • Lo de condiciones naturales se refiere a que solo hablamos de especie si pueden reproducirse por su cuenta en el medio natural. Si el hombre mete la mano por medio no vale. Así, el ligre, cruce entre un león y una tigresa, aunque no siempre sea estéril, no implica que tigres y leones pertenezcan a la misma especie, pues en la naturaleza tigres y leones no se cruzan, solo cuando el hombre mete cartas en el asunto se producen los ligres, generalmente para usarlos en circos.

Claro está, el concepto biológico de especie es difícil de llevar a la práctica, no vamos a comprobar si el felino de la fotografía se puede reproducir con el gato de su vecina para asegurarnos que son de especies distintas, por lo que el concepto de especie en la práctica queda reducido a un conjunto de organismos cuyas características permitan suponer que pueden reproducirse entre sí, en condiciones naturales, produciendo descendientes fértiles.

Pero por si esto fuera poco, la definición biológica de especie tiene otras múltiples dificultades.

Pongamos que dos grupos de organismos A y C no pueden reproducirse dando descendencia fértil, por lo que a priori no pertenecen a la misma especie, pero existe un tercer grupo, B, que puede reproducirse con ambos dando descendencia fértil. Entonces B pertenece a la misma especie que A y que B, y por tanto A y B deben ser considerados la misma especie…

Así que podemos decir que una especie es un conjunto de organismos que pueden reproducirse realmente o potencialmente, bastando con que exista un flujo génico entre ellos directa o indirectamente, pues aunque la información génica de C no puede mezclarse directamente con la de A, si pueden pasarla indirectamente si se la comparten primero con B.

Si el asunto no le parece suficiente complejo podemos empezar a pensar en los organismos asexuales, donde es totalmente imposible utilizar el concepto biológico de especie, así que nos tenemos que contentar con el concepto de agamoespecie, que es aquel conjunto de organismos semejantes por tener genotipos idénticos o parecidos al de un organismo ancestral común a todos ellos.

¿Y qué ocurre cuando pensamos en el concepto de especie a lo largo del tiempo? Pues otro follón. Por ejemplo, si miramos hacia atrás en nuestra línea evolutiva no hay una forma clara de establecer donde empezó nuestra especie y terminaba nuestra antecesora, desde luego hasta que no se invente una máquina del tiempo es imposible mandar humanos a fecundar antepasados para ver a qué altura de nuestra línea evolutiva dejan de tener descendencia fértil.

En estas situaciones, la solución clásica es hacer que el registro fósil ponga los límites, cuando en un grupo de fósiles de un linaje evolutivo encontramos una gran variación morfológica, consideramos que pasamos de una especie a otra. Pero esto se puede utilizar cuando el registro fósil de una especie es escaso o la especiación se ha dado por saltos, con grandes cambios morfológicos en poco tiempo, pero ¿qué ocurre cuando tenemos un registro fósil muy completo y muestran que los cambios morfológicos han sido muy graduales?

Para solucionar esto se usa el concepto de especie evolutiva de Simpson, que marca el límite entre especies en el momento en el que se separan los linajes, es decir, si una especie se divide en dos, pues tenemos 3 especies diferentes, la que había, que se considera extinta desde el momento en el que se divide y las 2 nuevas. Pero entonces cualquier subespecie debe ser considerada una especie evolutiva y se pueden dar casos tan llamativos como la fusión de ambos linajes en uno solo, produciendo una nueva especie evolutiva por la unión de dos especies…

Así que algunos especialistas terminan por mandar todo a tomar por saco, y usan el concepto de especie tipológica, cogen un fosil, dicen que eso es de una especie concreta y todo lo que se parezca a eso pertenece a la misma especie.

Vamos, que definir los límites de una especie es un lio, así que, como me dijo una vez un profesor “una especie es un conjunto de organismos que, según un especialista del grupo de organismos en cuestión, es una especie”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada