sábado, 22 de septiembre de 2012

El madroño



 

La llegada del otoño nos trae el fruto del madroño, no todo iban a ser hojas cayendo de árboles caducifolios.

El nombre científico del madroño, Arbutus unedo, hace referencia a que es un arbusto del que sólo se come un fruto, y es que sus bayas son famosas por la fermentación alcohólica que sufren en el mismo árbol.

El madroño, es un árbol o arbusto de entre 5 a 15m de alto, con hojas perennes, lanceoladas, de 3 a 7 cm de largo y bordes serrados.

De octubre a febrero podemos disfrutar de sus flores blancas acampanadas, que se presentan en forma de un racimo colgante. Flores que coinciden en el árbol con los frutos maduros de la floración del año anterior.

Las bayas del madroño son esferas carnosas de unos 2 cm de diámetro, que van tornando de amarillo a rojo a medida que maduran. Su superficie está formada por diminutos granos cónicos. Y sus semillas, en el interior del fruto, son pequeñas y de color pardo.

La larga permanencia del fruto en el árbol, que como ya digo, permite que los frutos procedentes de una floración coincidan en el árbol con la floración del año siguiente, permite que se produzca fermentación alcohólica de las mismas.

Con suerte, si visitáis el campo podéis encontraros no solo con algún madroño, sino con algún animal que se haya dado un atracón de sus frutos, y vaya dando tumbos bajo los efectos del alcohol.

Pero no solo vamos a encontrar azucares y alcohol en este fruto. De hecho es su contenido en taninos y flavonoides, con actividad antioxidante y antiagregante plaquetario, lo que hace que su uso permita tratar y prevenir enfermedades cardiovasculares.


Así pues, disfrutad del fruto del madroño, pero con moderación.

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